Brown incendia al paddock: horner, alpine y la guerra de los 'equipos b'
Zak Brown ha vuelto a encender la mecha en la Fórmula 1, esta vez con una declaración contundente sobre el futuro del deporte y la creciente preocupación por la multipropiedad. Su voz, siempre directa, rompe el silencio en un paddock repleto de tensiones.
Un choque de egos y una estrategia turbia
El estadounidense, jefe de McLaren, no se anda con rodeos: Christian Horner, su antiguo rival, merece una segunda oportunidad. A pesar de las viejas rencillas, Brown lo defiende con vehemencia, argumentando que Horner posee la personalidad y el talento necesarios para seguir siendo una figura clave en la competición. ‘Es un gran profesional y su trayectoria habla por sí sola’, afirma, dejando claro que su apuesta es por la experiencia y la pasión, más que por las estrategias políticas.
Pero la verdadera furia de Brown se dirige a la estrategia que, a su juicio, está socavando la integridad de la Fórmula 1. La proliferación de equipos satélite, controlados por estructuras más grandes como Mercedes, y el flujo constante de personal e información entre escuderías, es algo que no puede tolerar. La idea de que un mismo dueño pueda tener intereses en varios equipos, como ocurre con Red Bull y Racing Bulls, es, para él, un riesgo inaceptable.

El fantasma de los 'equipos b' y la pérdida de la independencia
El jefe de McLaren ha advertido de que la Fórmula 1 corre el peligro de perder su carácter independiente. La posibilidad de que Alpine, o incluso otros equipos, sean adquiridos por grandes corporaciones como Mercedes –con Toto Wolff a la cabeza– es motivo de profunda inquietud. ‘Necesitamos alejarnos de los “equipos B” lo antes posible’, sentencia Brown, con un tono que deja claro su firme postura. La sombra de prácticas como las que se vieron en Ferrari y Haas, o entre Aston Martin y Racing Point en el pasado, desanima a los aficionados y pone en jaque la credibilidad del campeonato.
Brown no se detiene ahí. Recuerda episodios recientes, como el incidente con Daniel Ricciardo, que evidencian la tentación de favorecer a un ‘equipo hermano’ a expensas de la competencia justa. La búsqueda de ventajas financieras y deportivas a través del intercambio de información técnica es, para él, una forma de corrupción que desvärtula la competición y amenaza con desdibujar las líneas entre los once equipos independientes. La FIA debe tomar medidas urgentes para frenar esta deriva y proteger la integridad del deporte. La nueva era de 2026, con sus regulaciones más estrictas, dependerá de que se preserve la esencia de la Fórmula 1: la rivalidad, la pasión y la lucha por la victoria, lejos de las sombras de la multipropiedad. Y, en este sentido, la apuesta de Brown por Horner, aunque controvertida, puede ser una señal de que el estadounidense quiere recuperar el control y devolverle la emoción al paddock. La temporada que viene promete ser intensa, con la clara amenaza de que la Fórmula 1 se convierta en un mero escaparate de los intereses comerciales de las grandes corporaciones.
