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Caos en brasil: enfrentamiento violento en final de campeonato de minas gerais

El partido entre Cruzeiro y Atlético Mineiro, final del campeonato estatal de Minas Gerais, degeneró en una masacre de pallomas. 23 jugadores fueron expulsados tras una brutal pelea que desató el caos en el estadio.

La explosión de la tensión tras un choque en la portería

La explosión de la tensión tras un choque en la portería

El incidente se originó tras una jugada polémica. El delantero de Cruzeiro, Christian, chocó con el portero de Atlético Mineiro, Éverson, al intentar definir un rebote en los últimos minutos del partido, con el marcador 1-0 a favor de Cruzeiro. La reacción del portero fue violenta: derribó a Christian y lo agredió con los rodillas.

La situación rápidamente escaló. Compañeros de Christian se abalanzaron sobre Éverson, quien parecía impactar contra el poste. La escena se convirtió en una pelea multitudinaria, con golpes y patadas por doquier. La seguridad y la policía militar intentaron intervenir sin éxito.

Figuras como Hulk, el veterano delantero de 39 años y ex jugador del Porto, se vieron envueltas en la disputa. Hulk agredió al centrocampista de Cruzeiro, Lucas Romero, mientras que Kauã Prates, el joven extremo del Borussia Dortmund, fue acusado de responder a la agresión de Hulk.

El árbitro Matheus Delgado Candancan, visiblemente impotente, solicitó refuerzos policiales y finalmente suspendió el partido. La decisión, tomada tras diez minutos de caos, confirmó la victoria de Cruzeiro por 1-0, aunque la verdadera batalla ocurrió fuera del campo.

La contundencia de la sanción llegó después del pitido final: 23 expulsiones. Entre los sancionados figuraron además el ex jugador del Atlético Mineiro, Renan Lodi, y el propio Kauã Prates, quien se une a la lista de futbolistas que deberán explicar este incidente a su nuevo club.

Tras el partido, Hulk se disculpó con los aficionados, pero culpó al árbitro de no controlar la situación. “Le dije al árbitro desde el principio que algo malo iba a pasar. No tenía personalidad para tomar decisiones difíciles. Me cuesta creer haber participado en una agresión, pero reaccioné por instinto al ver a un compañero atacado. Se podría haber evitado”.

La imagen que deja esta final es la de un deporte que, a pesar de su belleza y estrategia, puede desbordar cualquier límite. La violencia, como un virus, contamina el juego y deja cicatrices que tardan en sanar.

La cifra habla por sí sola: 23 expulsiones en un solo partido. Un record que, lamentablemente, se quedará grabado en la historia del fútbol brasileño.

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