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Corberán: «no tiene sentido hablar de europa cuando pierdes»

El Mestalla, repleto en un festivo, se quedó con la amargura de una derrota inesperada ante el Celta. Carlos Corberán, visiblemente afectado, desmanteló las ilusiones europeas del Valencia con una frase lapidaria: “No tiene sentido hablar de eso cuando no ganas partidos”. Un golpe de realidad para un equipo que, a pesar de sus aspiraciones, se desmorona cuando la presión se intensifica.

La autopsia táctica de un primer tiempo engañoso

La autopsia táctica de un primer tiempo engañoso

El Valencia, al menos durante la primera mitad, pareció haber descifrado el código del Celta. Una presión alta y una solidez defensiva que, según las palabras del propio Corberán, lograron minimizar las fortalezas del conjunto gallego. Pero la calma fue efímera. La entrada de Giráldez, con ajustes tácticos que el Valencia tardó en detectar, desnudó las carencias de un equipo que se diluye bajo presión.

Dos goles en un abrir y cerrar de ojos, al comienzo de la segunda parte, enterraron las esperanzas valencianistas. La línea de cuatro que, según Corberán, el partido exigía, llegó demasiado tarde. Lo que nadie cuenta es la velocidad con la que el Celta, con la frescura de sus cambios, se hizo con el control del partido. Eray, la esperanza en la portería, se convirtió en un espectador impasible de la debacle.

La pregunta que carcome el vestuario: ¿Por qué el Valencia se repliega en los momentos decisivos? Mestalla, con su afluencia masiva y su fervor incondicional, esperaba una victoria. La respuesta, sin embargo, fue un silencio consternado. Corberán, sin excusas, admitió la decepción, pero también la falta de control en el juego. “Nos hemos precipitado en ataque”, reconoció, “y no hemos mostrado la solidez defensiva que nos caracteriza”.

Claudio Giráldez, el técnico del Celta, había alabado la capacidad del Valencia para luchar por Europa antes del partido. Una afirmación que, tras la derrota, sonó como una burla. Corberán, consciente del daño colateral a las aspiraciones del equipo, optó por la franqueza: “El partido nos permitía sumar tres puntos importantísimos, pero nos han superado. No tiene sentido hablar de eso cuando no ganas partidos”. La contundencia de la frase, más allá de la derrota, es un grito de auxilio.

La sombra de la precipitación se cierne sobre el Valencia. La urgencia por obtener un resultado, lejos de ser un catalizador, parece paralizar al equipo. La solidez defensiva, pilar fundamental del proyecto de Corberán, se esfumó en la segunda parte, dejando al descubierto una fragilidad mental que amenaza con descarrilar las aspiraciones europeas.

La cifra habla por sí sola: dos partidos consecutivos sin victoria en un calendario crucial. El Valencia, a pesar de contar con una plantilla teóricamente capaz de competir por los puestos de Liga de Campeones, se desmorona bajo la presión. La pregunta ya no es si el Valencia tiene equipo para Europa, sino si tiene la capacidad de asumir la responsabilidad que conlleva.