De larrea, con el corazón en valencia, se marcha a la nba

Sergio de Larrea, el base español que pintó de naranja los últimos años en el Valencia Basket, ha confirmado su salto a la NBA, concretamente al Dallas Mavericks, dejando atrás una etapa cargada de éxitos y una afición que lo veneraba como un ídolo. El anuncio, desvelado a través de un vídeo en Instagram, no es solo un cambio de equipo, sino un cierre de ciclo.

Un adiós con sabor a liga y a la

Un adiós con sabor a liga y a la 'naranja'

“Todo lo vivido y todo lo que hemos compartido se quedará para siempre en mi corazón. Gracias, Valencia Basket, por este viaje,” declaró De Larrea en el vídeo, transmitiendo una emoción palpable. Más allá de las palabras, la imagen de él junto a su familia, celebrando la conquista de la Liga en Barcelona, hablaba por sí sola: un Vallisoletano que se convirtió en leyenda valenciana.

La afición del Valencia Basket, como él mismo reconoció, “era el corazón de este equipo”. Un sentimiento que De Larrea abrazó con los brazos abiertos, llegando a Valencia con tan solo 15 años, con un sueño y una ilusión desbordante. “Hace cinco años, un niño llegaba con un sueño, con un nuevo reto que aprovechar. Desde el primer día me sentí como en casa,” afirmó, recordando la confianza depositada en él por la familia Roig.

El director general, Enric Carbonell; el director deportivo, Luis Arbalejo; el exresponsable de la cantera, Andreu Casadevall; y el exdirector deportivo, Chechu Mulero, fueron algunos de los nombres que De Larrea agradeció en su despedida. Un reconocimiento a la familia Roig, y a “toda la familia Roig por permitirme ser parte de su proyecto, el proyecto de una ciudad”.

El contrato firmado con los Dallas Mavericks asciende a 16,3 millones de dólares en cuatro temporadas, una muestra del potencial que los texanos han visto en el jugador español. Un fichaje que, sin duda, promete dinamismo y talento a la Western Conference. Pero, más allá de las cifras, lo que permanece es el recuerdo de un jugador que no solo ganó títulos, sino que también conquistó el corazón de una ciudad. Y eso, señores, no tiene precio.