Espanyol, un empate agridulce tras más de tres meses sin victoria
La sequía goleadora del Espanyol, un lastre que pesaba sobre el equipo desde diciembre, finalmente se rompió en Sevilla, pero la alegría es solo parcial. Un empate a cero frente al Real Betis, aunque valioso para limpiar la portería, no sirvió para romper la espiral negativa que ahoga a los pericos en la segunda vuelta de LaLiga.

La portería a cero, un alivio urgente
Trece partidos consecutivos encajando goles. Una cifra escalofriante que había minado la confianza del vestuario y complicado seriamente las aspiraciones de permanencia. Dmitrovic, con intervenciones de mérito, se erigió como el héroe de la noche, frustrando el ataque bético y regalando al equipo una bocanada de aire fresco. Pero el fútbol, como bien sabe Manolo González, no se juega solo en la defensa.
El técnico, tras las dos semanas de parón, había prometido un retorno a la solidez defensiva que caracterizó al Espanyol en la primera vuelta. Y, en líneas generales, se cumplió. El Betis, a pesar de no mostrar su mejor versión, es un rival que siempre genera peligro, y contenerlo es, sin duda, un logro. La pregunta, sin embargo, es: ¿a qué precio?
La falta de mordiente en ataque, un problema recurrente en las últimas semanas, volvió a manifestarse en el Villamarín. El Espanyol acumuló posesión sin generar ocasiones claras, y la sensación de impotencia en la parcela ofensiva fue palpable. No se trataba de crear un festival de ocasiones, sino de inquietar a la portería rival, de generar dudas en la defensa local. Ese brillo, esa chispa que definió al Espanyol de la primera mitad de la temporada, se había apagado.
Pero hay un detalle que no escapa al análisis: este Espanyol, a pesar de sus carencias, se muestra más sólido que en encuentros precedentes. La defensa, aunque vulnerable, ha recuperado cierta orden y cohesión. Y eso, en un equipo que lucha por la permanencia, es un activo valioso.
La semana que viene, el derbi contra el Barcelona en el Camp Nou. Un partido que, más allá de la rivalidad, representa una oportunidad de oro para reafirmar la mejoría vista en Sevilla. El Espanyol necesita, con urgencia, un triunfo que le devuelva la ilusión y le saque del pozo. La afición perica exige resultados, y la paciencia, como bien saben los jugadores, tiene un límite. La Liga no perdona, y el Espanyol debe demostrar, sobre el césped del Camp Nou, que la resurrección es posible.
