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Milán-cortina: los juegos más 'limpios' en décadas, pero la sombra persiste

Milán-Cortina 2026 ha roto una sequía que se extendía por casi tres décadas. Ningún positivo en los controles antidopaje realizados hasta la fecha a 2.000 deportistas, una cifra que convierte a esta edición en la más 'limpia' de los Juegos de Invierno desde Nagano 1998. Una estadística que, sin embargo, no exime de cautela, especialmente si consideramos la persistente capacidad del dopaje para mutar y evadir la detección.

Un programa de control exhaustivo: ¿la clave del éxito?

Un programa de control exhaustivo: ¿la clave del éxito?

El programa antidopaje implementado para estos Juegos ha sido, según Benjamin Cohen, director general del evento, el más extenso jamás visto. Lejos quedaron los tiempos en que los controles se limitaban a la llegada de los atletas a la villa olímpica. Ahora, el seguimiento es continuo, con un porcentaje significativo –el 92% de los participantes– sometido a pruebas en los seis meses previos a la competición. La cifra habla por sí sola: una inversión considerable y una estrategia proactiva que, hasta el momento, han dado sus frutos.

Pero hay un detalle crucial que eclipsa parcialmente la euforia: las muestras biológicas de los deportistas se conservan durante diez años, permitiendo la realización de análisis retrospectivos con nuevas tecnologías. Esto significa que la aparente 'limpieza' actual podría verse alterada en el futuro, a medida que surjan métodos más sofisticados para detectar sustancias prohibidas. Recordemos el revuelo posterior a Londres 2012, cuando se retiraron 31 medallas y se reasignaron 46 tras la revisión de muestras antiguas. Un amargo recordatorio de que la batalla contra el dopaje es una carrera constante.

La implementación de un sistema de seguimiento prolongado, como señala Cohen, representa un cambio paradigmático. Si bien es encomiable, no elimina la posibilidad de que, en el futuro, se descubran irregularidades. La memoria de los escándalos que han empañado la historia olímpica –de Salt Lake City a Sochi– persiste, recordándonos que la vigilancia constante es el único antídoto contra la tentación de la mejora artificial.

La persistencia de las muestras antiguas, conservadas diligentemente, es la garantía de que la búsqueda de la justicia deportiva no tiene fecha de caducidad. La transparencia y la aplicación rigurosa de las normas seguirán siendo, en definitiva, los pilares fundamentales para preservar la integridad de los Juegos Olímpicos de Invierno.