Pogacar doblega a evenepoel y van der poel en flandes: ¿el tetris de los monumentos?
Tadej Pogacar lo hizo
de nuevo. No solo ganó el Tour de Flandes, sino que lo hizo silenciando a los fantasmas de Remco Evenepoel y Mathieu van der Poel, dos nombres que, en el papel, deberían haberle complicado la vida. La victoria, la tercera en esta prueba para el esloveno, es la prueba palpable de que Pogacar no solo es un corredor excepcional, sino también un depredador implacable.La estrategia que desarticuló el ataque de evenepoel
El duelo en Oudenaarde
no fue una exhibición de fuerza bruta, sino una demostración de inteligencia táctica. Pogacar, consciente de la peligrosidad de Evenepoel, especialmente tras sus recientes actuaciones, no permitió su regreso al pelotón cuando el belga cedió terreno. “Por supuesto, no quería que Remco volviera al grupo”, confesó Pogacar. “Sé la gran resistencia que tiene. Siempre puede sobreponerse y vencer, así que realmente intenté marcar distancias”. Una decisión fría y calculada que, a la postre, le aseguró la victoria.Pero Van der Poel, triple vencedor de la prueba, tampoco se lo puso fácil. “¿Quién me preocupaba más? Ambos”, admitió Pogacar. La imprevisibilidad de la ‘Ronde’, el Infierno del Norte, exige estar al límite, y el esloveno lo demostró, neutralizando las embestidas de sus rivales con una mezcla de potencia y astucia.

Roubaix en el horizonte: ¿el último monumento en la mira?
La rivalidad entre Pogacar y Van der Poel se prolongará la semana que viene en Roubaix, un terreno donde el neerlandés se siente como en casa. Tres victorias en el velódromo le dan una ventaja psicológica, mientras que Pogacar solo ha participado una vez. A pesar de la presión que conlleva cada carrera, Pogacar se muestra sereno: “No compito demasiado, por eso cada vez que lo hago hay cierta presión por ganar y, hasta ahora, todo me ha salido perfecto. Iré a Roubaix, llegaré motivado e intentaré disfrutar de los adoquines”.
El sueño de completar el ‘Tetris’ de los Monumentos, ganar las cinco pruebas más prestigiosas del calendario, parece cada vez más lejano. “Ganar una carrera —y más aún una de este tipo— es muy difícil en el ciclismo. Incluso cuando tienes el mejor día y las mejores piernas, todo tiene que encajar a la perfección”, afirma Pogacar, con los pies en la tierra. Pero, a pesar de la dificultad, la ambición permanece. El 12 de abril, Roubaix se convertirá en el campo de batalla decisivo, donde Pogacar buscará el último eslabón de una cadena que podría consagrarlo como el mejor ciclista de todos los tiempos. El ciclismo, y el mundo, observan con la respiración contenida.
