Psg-bayern: nueve goles y un espectáculo que reconcilia con el fútbol
Lo que vimos en París la noche del 28 de abril no fue un partido, fue una exhibición. Un torbellino de nueve goles, un ritmo frenético que recordó a las glorias del balompié y dejó a los presentes, y a los que lo seguimos desde la distancia, boquiabiertos. Casi un eco del 8-2 del Barcelona, pero con una intensidad y un despliegue de talento que justifican el calificativo de inolvidable.
El ataque por encima del centro del campo
Olvidemos la estrategia, las líneas de presión y los planteamientos tácticos. En este encuentro, lo que imperó fue la velocidad, la verticalidad y la búsqueda constante del gol. Ambos equipos se lanzaron al ataque sin contemplaciones, dejando un centro del campo prácticamente inexistente y creando un espectáculo digno de los mejores estadios del mundo. Los gritos en la redacción de Marca eran constantes, reflejo de la voracidad ofensiva de ambos conjuntos, un intercambio de golpes sin cuartel que mantuvo al público en vilo hasta el último segundo.
Pero hay un detalle que escapa a las estadísticas: la calidad individual. No brillaron Dembélé ni Vitinha, pero sí Olise, con una actuación demoledora sobre Nuno Mendes; Kvaratskhelia, con un golazo y regates que desafían la física; Luis Díaz, simplemente impresionante; Doué, Musiala, Kane en modo mediapunta, cada uno con su particular estilo, regalándonos un recital de regates, tacones, paredes y fantasías dignas de un videojuego. Incluso Laimer se atrevió con unas ruletas que parecían sacadas de un FIFA.

Más de un partido, un torbellino de intensidad
La velocidad a la que se desarrollaron los acontecimientos fue asombrosa. Fabian, que entró en la segunda mitad buscando recuperar sensaciones, se vio exhausto a los diez minutos. En una hora, ambos equipos desplegaron un fútbol que muchos equipos tardan una temporada entera en producir. Y el resultado: un empate a 5 que, sin embargo, dejó la sensación de que el mejor estaba por venir.
El PSG, fiel a su ADN, demostró su capacidad de resiliencia. Tras un inicio de partido en el que el Bayern le endosó una paliza, se levantó como el campeón que es, sin amilanarse y aprovechando su letalidad en ataque. El Bayern, por su parte, respondió con la garra de un equipo que sueña con levantar la Champions, reaccionando con fuerza ante la adversidad y mostrando su poderío ofensivo. Postes en ambos lados, oportunidades desaprovechadas, un duelo épico que quedará grabado en la memoria de todos los aficionados.
Quizás, la mayor lástima de la noche sea la ausencia de Neuer en su mejor versión, un portero que se asemejaba a su primo lejano en lugar del muro habitual contra el Real Madrid, y la actuación discreta de Safonov, incapaz de detener ni los penaltis. La noche no fue para los guardianes, sino para los delanteros y los artistas del balón.
Queda la vuelta, y con ella la posibilidad de alcanzar el récord de goles en una eliminatoria de Champions, actualmente en 13. Con la gorra, señores. Un partido así solo puede augurar más espectáculo, más emoción y, posiblemente, más sufrimiento para los porteros.
