Rahm desafía el augusta: un caos de calles y un young explosivo
Augusta National se está desmoronando bajo un sol implacable, pero la verdadera batalla no es contra el calor, sino contra la estrategia. Jon Rahm, aparentemente ajeno a la máxima arraigada de ‘coger calles’, lidera un torneo en ebullición, mientras un Cameron Young, hasta hace poco un desconocido, está reescribiendo las reglas del Masters.

El desafío de la calle
La norma, impuesta por Scottie Scheffler el sábado, es tan simple como radical: no cogerte las calles. Un mantra que, hasta ahora, había sido inviolable. Pero Young, el número tres del mundo, ha desatado el caos, firmando 65 en dos rondas consecutivas y desafiando la ortodoxia con un juego implacable. El norirlandés Rory McIlroy, líder con seis golpes de ventaja tras la segunda ronda, se encontró en una situación precaria, marcado por un 73 y una creciente sensación de duda, evidenciada por la caída en el lago del hoyo 15.
La tercera jornada, con banderas colocadas para forzar aperturas y obligar a los jugadores a enfrentarse a Rory, se convirtió en un duelo de nervios. Young, tras una salida espectacular con un golpe de tee de 350 yardas en el hoyo 3, se vio brevemente superado por McIlroy, pero su resiliencia y su capacidad para encontrar oportunidades, como el putt de mérito en el 16 tras caer en el agua, demostraron su potencial.
McIlroy, sin embargo, no se rindió. En el 12, el corazón del Amen Corner, un tiro magistral le devolvió el liderazgo, aunque con las marcas de una batalla física y mental. El texano, cuyo desastre en el 13 – una bola que se estrelló en la pinaza más profunda – reveló la fragilidad de su estrategia, se quedó a cuatro golpes de la cabeza. La presión es máxima. La chaqueta verde está a un golpe de distancia, con Burns y Lowry como posibles contendientes. Incluso, la puerta se abre para Scheffler, cuyo juego, aunque inconsistente, podría ser suficiente para emular el dominio de Palmer en los años 60.
El desenlace, sin duda, será histórico. El Augusta National, con sus greenes marrones y su atmósfera de tensión, se ha convertido en el escenario de un desafío inédito, donde la tradición se enfrenta a la audacia y donde, quizás, el futuro del golf esté comenzando a tomar forma.