Simeone desata la furia: ¿arbitraje sesgado o estrategia?

La paciencia de Diego Simeone, volcánica incluso en los mejores momentos, llegó a ebullición tras el empate del Atlético contra el Barcelona. No se trata solo de la derrota, sino de una sombra recurrente: la de decisiones arbitrales cuestionables, que este martes se materializaron en la defensa del CTA de una expulsión que, según el técnico, es “una tomadura de pelo”.

La jugada del betis-rayo, el detonante de la crisis

La jugada del betis-rayo, el detonante de la crisis

El origen de la bronca, como bien sabe quien sigue la rojiblanca, no es nuevo. Simeone se aferra a la jugada del Betis-Rayo, ocurrida en la jornada 25 de LaLiga, donde Valentín Gómez cometió un pisotón que el colegiado no sancionó con roja. El CTA, en su ya tristemente célebre “Tiempo de Revisión”, reconoció su error. Ahora, la similitud con la jugada que costó la roja a Gerard Martín, posteriormente corregida por Busquets Ferrer tras la intervención del VAR, ha reabierto viejas heridas y ha encendido las alarmas en el Metropolitano.

Lo que nadie cuenta es que esta no es la primera vez que el Atlético recurre a las redes sociales para denunciar lo que consideran un trato desigual por parte de los árbitros. Es una estrategia, claro, pero también un reflejo de la frustración que genera la sensación de estar jugando con desventaja. La cifra habla por sí sola: desde la llegada de Simeone, el Atlético ha reclamado más de una decena de decisiones arbitrales que, según ellos, han afectado al resultado final.

Pero hay un detalle crucial. La rectificación de Busquets Ferrer, aunque aplaudida por algunos, no ha calmado a Simeone. Su insistencia en la jugada del Betis-Rayo no es capricho, sino una forma de remarcar la inconsistencia del sistema. ¿Cómo es posible que un error garrafal en un partido sea reconocido y corregido, mientras que otros, de similar gravedad, quedan impunes?

El CTA, en su afán por justificar, debe dar una explicación convincente. No basta con señalar la jugada; debe demostrar que existe un criterio claro y uniforme en la aplicación del reglamento. De lo contrario, la sospecha de un arbitraje sesgado, aún cuando sea involuntario, seguirá rondando el vestuario rojiblanco y, lo que es peor, erosionando la credibilidad de la competición.

En última instancia, la responsabilidad es del órgano arbitral. Debe actuar con transparencia y contundencia para garantizar la igualdad de condiciones en el campo. El Atlético, y el fútbol español, se lo exigen.