Tenerife escapa del infierno: victoria agónica ante el galatasaray
La Laguna Tenerife respiró anoche en un pabellón Santiago Martín que parecía contener la respiración hasta el último segundo. Un 84-83 final que escupió un Galatasaray al borde de la remontada y que, de no ser por una inoportuna falta de puntería en el último ataque turco, habría sellado una derrota dolorosa para el equipo insular. Un triunfo que, sin embargo, deja más preguntas que certezas sobre su capacidad para competir de forma consistente en esta eliminatoria de cuartos de final de la Liga de Campeones FIBA.
El estallido turco y la resistencia canaria
El partido comenzó con un ligero tanteo, con el Galatasaray tomando la iniciativa inicial gracias a la inspiración de Gillespie. Pero Txus Vidorreta pronto encontró respuesta en la segunda unidad, liderada por un Patty Mills en estado de gracia, que elevó el ritmo y la intensidad, acumulando una ventaja de once puntos que parecía sentar las bases de una noche tranquila para el Tenerife. Sin embargo, la defensa turca, feroz e implacable, se fue adueñando del partido, estrangulando el ataque canario y encontrando en McCollum y Oncel a referentes capaces de reducir la brecha.
La estocada final del Galatasaray en el segundo cuarto, con un parcial de 0-10, dejó patente la capacidad de reacción del equipo de Istanbul y su firme intención de llevarse la victoria. Huertas y Mills no lograron controlar el ritmo del partido, y el cambio a Fitipaldo y Jaime Fernández no surtió el efecto deseado en un Tenerife que parecía perder la fluidez que lo había caracterizado en los primeros minutos.

El desmoronamiento final: ¿resiliencia o desconcentración?
Tras un tercer cuarto dominado por el Tenerife, con Huertas recuperando la autoridad y Scrubb demostrando su valía en defensa y ataque, todo apuntaba a una victoria cómoda. Pero el Galatasaray, lejos de rendirse, se reactivó con una sorprendente rapidez, recortando distancia gracias a la verticalidad de McCollum y Palmer. Un parcial lapidario de 4-20 en los últimos cinco minutos evidenció una preocupante desconexión en el equipo insular, llena de errores y decisiones cuestionables.
La descalificación de Huertas por “flopping”, en un momento clave del partido, añadió dramatismo a una recta final de infarto. La tensión se palpaba en el ambiente mientras Robinson empataba el marcador a 15 segundos para el final, y Abromaitis fallaba los dos tiros libres tras una falta.
Los últimos cinco segundos fueron una eternidad. La desesperada triple de Palmer salió desviada, y el balón, después de tocar el aro, se fue a las manos del Galatasaray. El pabellón tinerfeño, enmudecido, contuvo el aliento hasta que el balón, finalmente, no entró. Un final agónico que, más allá de la victoria, revela la fragilidad mental de un equipo capaz de dominar con autoridad y, acto seguido, desmoronarse bajo la presión.
La Laguna Tenerife se lleva un triunfo que sabe a poco. La eliminatoria está abierta, y el Galatasaray, lejos de estar KO, ha demostrado que tiene armas para complicar las cosas.