Bogotá desdibuja la asistencia social: 50.000 mayores desviados a un nuevo sistema

La Secretaría Distrital de Integración Social ha desatado un terremoto en la red de protección social de Bogotá. Lo que parecía una optimización administrativa, una simple reorganización, se revela como un cambio que empuja a más de 50.000 adultos mayores fuera del Ingreso Mínimo Garantizado (IMG) y los arroja a un nuevo esquema, Colombia Mayor, con implicaciones que van más allá de un simple trámite.

Una transición que deja frío a los beneficiarios

La promesa de continuidad, repetida una y otra vez por la SDIS, suena a un eufemismo. La realidad, como siempre, es más áspera. Mientras 88.000 personas mayores se aferran a los canales habituales del Distrito –Nequi, DaviPlata, Movii–, 50.000 nuevos casos se ven catapultados a un sistema de entrega física, a través de la red PagaTodo. Un giro abrupto que obliga a estos ciudadanos a un nuevo laberinto burocrático y, potencialmente, a la exclusión.

El cambio, según la SDIS, es “técnico”. Una simple transferencia de liderazgo, una optimización de recursos. Pero la práctica, como suele ocurrir, es otra. La transición de IMG a Colombia Mayor, impulsada por el Gobierno Nacional, no es un avance; es una reconfiguración que, sin la debida atención, puede dejar a miles de personas sin el apoyo que necesitan. La inversión en esta nueva infraestructura de PagaTodo, con sus puntos de entrega y procesos de enrolamiento, parece una priorización, un despliegue de recursos que podría ser utilizado de manera más efectiva en la ampliación del IMG, en lugar de un cambio de proveedor.

El proceso exige un papeleo exhaustivo: fotocopia de la cédula, un recibo de servicios –agua, luz o gas– y, lo más importante, un enrolamiento en PagaTodo. Un requisito que, para muchos de estos adultos mayores, representa una barrera insalvable. Y lo peor es que, según la SDIS, este trámite se realiza “una única vez”. Una simplificación peligrosa que ignora la fragilidad de esta población.

El precio de la eficiencia: ¿un nuevo desamparo?

El precio de la eficiencia: ¿un nuevo desamparo?

La información, filtrada a través de SMS, es confusa, incompleta. El Distrito, en su afán por comunicar, se limita a repetir la misma frase: “ningún beneficiario dejará de recibir su apoyo económico”. Una promesa vacía, una garantía que se desmorona ante la realidad de un sistema que prioriza la eficiencia administrativa sobre la protección social. Mientras tanto, la línea telefónica 601 3808330 (Opción 6) –un recurso de atención al ciudadano que, inevitablemente, se verá sobrecargado– permanece como el único hilo que une a estos desamparados con una administración que parece desconectada de sus necesidades.

La cifra es clara: 50.000 vidas, 50.000 historias, reconfiguradas a la fuerza en un nuevo esquema. Un cambio que, lejos de fortalecer la red de protección social, la debilita, creando una franja vulnerable a la exclusión y al abandono. La adrenalina de la innovación no debe eclipsar la urgencia de la solidaridad. Bogotá, mi Ciudad, mi Casa, necesita más que un programa; necesita un compromiso real con sus mayores. Y, por ahora, el mensaje es, en el mejor de los casos, ambiguo.