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El 'maravilla' olvidado: la sorprendente historia del intrépido futuro humorista que desafió a madrid

El 4 de enero de 1931, un niño de 11 años llamado Mariano García de la Puerta se coló en el estadio de Chamartín para presenciar un partido de Liga entre el Real Madrid y el Alavés. Lo que nadie imaginaba era que ese domingo, con viento helador y niebla, marcaría el inicio de una trayectoria peculiar y, en última instancia, un final casi anónima.

Un ídolo local, un exigente entrenador

Gila Cuesta, entonces un niño de la capital, recordaba vívidamente la peculiaridad de García de la Puerta: “Si no entraban los chavales no jugaba”. Para el joven humorista, el delantero del Madrid no era solo un jugador, sino una figura casi mítica, un ídolo que dictaba sus propios términos. Un relato que, según contaba José Ignacio Corcuera en Cuadernos de Fútbol, revelaba una personalidad indomable y una dedicación inusual al deporte.

A pesar de no brillar en el primer equipo blanco, con solo 27 partidos y 10 goles a su nombre, su legado perduró en la memoria de aquellos que lo conocieron. Su habilidad, su precisión en el remate y su audacia lo convirtieron en una leyenda local, un ‘Maravilla’ que desafiaba las convenciones.

El cochinillo volador y la indignidad

El cochinillo volador y la indignidad

Pero la Historia de García de la Puerta va mucho más allá del césped. Una anécdota, relatada por numerosos testigos, lo recuerda con carcajadas: su obsesión por llevar consigo un cochinillo de 20 kilos a bordo del tren de vuelta a Sevilla después de un partido en Madrid. El incidente, en el que el animal fue lanzado por la ventanilla, es un ejemplo perfecto de su carácter impredecible y su espíritu rebelde. “El revisor le dijo que le iba a multar y que debía entregar el cerdo de manera inmediata. El bético respondió que de eso nada, que el cochinillo era suyo y que era carne de las tapas de un bautizo que iba a organizar en la Puerta del Arenal,” relata la crónica.

A pesar de su talento, su carrera profesional fue fragmentada y su nombre, olvidado por la Historia oficial. Jugó en equipos como Murcia, Madrid, Betis, Nacional Cantabria, Ferroviaria y Mallorca, dejando una estela de habilidades y, curiosamente, de indisciplinas. Su paso por el Betis, donde su peculiaridad fue ampliamente celebrada, es recordado con nostalgia por aquellos que lo conocieron. En definitiva, una vida dedicada al fútbol, pero marcada por la marginalidad y el olvido.

Mariano García de la Puerta, cuyo último partido oficial fue en 1931, anotando el único gol del Alavés en la derrota ante el Real Madrid, murió en 1983, en Colmenar Viejo, sin dejar un legado tangible. Un 'Maravilla' que, como decía aquel, “no era como los demás”.