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Colombia se enfrenta a un ajuste laboral: el salario mínimo sube y los costos para las empresas se disparan

El 2026 en Colombia se perfila como un año de reajuste drástico para el mercado laboral. La expedición de los Decretos 1469 y 1470 de 2025 ha propiciado un incremento del 23% en el salario mínimo legal vigente (SMLMV), situándolo en 1.750.905 pesos. Una cifra que, lejos de ser un mero ajuste, redefine los cálculos de nómina para las empresas y genera interrogantes sobre la sostenibilidad de los Negocios.

Detalles del aumento y cómo impacta la realidad empresarial

Detalles del aumento y cómo impacta la realidad empresarial

La base de cálculo se mantiene en el Ingreso Base de Cotización (IBC), sin incluir el auxilio de transporte, fijándose en 2.000.000 pesos. Esto implica que, además del salario base, las empresas deben asumir un conjunto de obligaciones parafiscales y de seguridad social que elevan significativamente el costo total de la contratación. La Caja de Compensación Familiar, con un aporte del 4%, asciende a 70.036 pesos. El ICBF, con un 3%, se cobra por 52.527 pesos. Y el SENA, con un 2%, suma 35.018 pesos, dando como resultado un total de 157.581 pesos en aportes parafiscales. Para las empresas que emplean a trabajadores con salarios inferiores a 10 SMMLV, la exoneración del pago al SENA e ICBF se mantiene, limitando la carga a la Caja de Compensación.

En el ámbito de la seguridad social, el empleador debe cubrir la mayor parte de los riesgos laborales. El aporte al Sistema de Pensiones se sitúa en el 12%, equivalentes a 210.109 pesos. El ARL, con un 0,522%, se calcula en 9.140 pesos, variando según el riesgo de la actividad. El aporte al Sistema de Salud, sujeto a exoneración para quienes ganan menos de 10 SMMLV, asciende al 8,5%, para un total de 148.827 pesos. La suma de estos conceptos eleva el costo total del salario mínimo a más de 2.671.507 pesos, un factor determinante para las pequeñas y medianas empresas.

La implementación de la Ley 2101 de 2021, que establece la reducción gradual de la jornada laboral a 42 horas semanales, también añade complejidad. Aunque el salario mensual se mantiene constante, el valor de la hora ordinaria de trabajo se incrementa, lo que se traduce en recargos nocturnos, dominicales y horas extras más costosos. Es una ecuación que obliga a las empresas a replantear sus estrategias y a buscar eficiencia en la gestión de su capital humano. Un escenario que, sin duda, demandará un análisis exhaustivo y una adaptación ágil a las nuevas realidades del mercado.